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Con más de 45 años dedicado al humor, incursionando exitosamente en el café concert, la televisión, el cine, la radio y el teatro, Alejandro González Legrand –más conocido como “Coco Legrand”– es dueño de una fama y un prestigio indiscutibles. Sobrino del ex Presidente Gabriel González Videla y titulado de diseñador en la Universidad de Chile,con estudios especializados en matricería en Estados Unidos, conquistó al público y a la crítica especializada gracias a sus inolvidables personajes y monólogos, a través de los cuales ha mostrado la idiosincrasia de los chilenos en vitrinas como el teatro Circus OK –del que es dueño– y en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Por estos méritos fue distinguido, en el 2016, con el Premio Nacional de Humor. Hoy está concentrado en los preparativos del lanzamiento de su nuevo libro –el segundo después de “Con el Coco en el diván”, en coautoría con Pilar Sordo, y en el que figuras de talla internacional le rinden tributo–, y en las últimas funciones de “Viejos de mierda”, que ha batido records de taquilla en nuestro país.

 

Por Antonio Muñoz, Periodista PUC

 

¿Cómo define o entiende el humor?

“Para Jaime Casacuberta, que es un abogado que se dedicó a estudiar fuertemente la Programación Neurolingüística, en
su libro “Despega” dice que la palabra humor y la palabra humano comparten una misma raíz etimológica, “hu” o “ju” o “jiu”. Según él, es una antigua forma de referirse a un ser supremo; en este caso, a Dios. Por lo tanto, humano significa ´hecho por la mano de Dios´ y humor significa ´Dios victorioso de la muerte´, hablando de estas muertes que a uno le toca vivir en vida. ¿Por qué te explico esto? Porque hay personas para las que estas muertes son quiebres fuertes que provocan no solo dolor, sino que también tensión. Por eso habla de este Dios victorioso sobre la muerte, de estas muertes en vida, porque Él entrega paz. Tú vas a tener, o has tenido tal vez, la experiencia de llegar a un funeral y que la persona que te recibe te tensiona a ti y
a los demás (en tono escandaloso): ´Ay, qué rico que hayan llegado. No saben cómo….´ Te tensiona. Pero distinto es si
te reciben (en tono dolido): ´Qué gusto que hayas venido. No sabes cómo Miguel se acordaba siempre de ti. Era gran amigo
de tu papá´. ¿Te fijas que es distinto? Está el dolor, pero está esa paz interna. El humor entrega eso. Es una forma de paz. Incluso, cuando tú hablas desde el humor, lo que estás haciendo también es atenuar la información al otro, porque no le agregas drama al drama. Lo contrario al humor no es la seriedad, como muchos piensan, sino que son los elementos que
causan tensión. Por ejemplo, los creadores de falsos dramas, los ritualistas, los quejumbrosos, los hipocondríacos”.

 

Entiendo que debutó en el humor en Arica, en 1970.

“Yo empecé a trabajar en un cabaret, Manhattan. Y el que animaba se llamaba Fredy Tuca, que era muy divertido. Como yo trabajaba en esa ciudad porque allí estaba la fábrica donde se armaba la citroneta –y era soltero, joven– pedía los turnos que nadie quería tener, porque muchos eran casados y preferían trabajar en horarios normales. Así es que eso me servía para trabajar en un horario que me permitía llegar tarde, ya de noche, a este cabaret. Hacía algún monólogo, hacía mi gracia, y me iba luego a mi pensión”.

 

¿Le parece que los chilenos somos buenos para reírnos de nosotros mismos?

“Hay de todo un poco. Somos seres humanos, al igual que el paraguayo, el venezolano, el bonaerense. A veces he pensado que Juan Bautista era chileno, porque el chileno es bueno para bautizar. Por ejemplo, nosotros teníamos un trabajador dedicado a la parte contable, gran persona y gran amigo, y de pronto me enteré que le decían ´el pan fresco´. Me descolocó. Pero, ¿por qué ´el pan fresco´? ‘Lo que pasa es que cada vez que preguntan por él, siempre dicen: recién salió. Entonces eso me hizo mucha gracia. Esas cuestiones son propias del humor chileno. Otro ejemplo: Pedro Carcuro me hace una entrevista hace poco y me dice: ´Hoy es tan difícil hacer humor, porque ya no se puede hablar de los gordos, de los flacos, de los gays, del alto, del bajo, del negro´. ´Pero escúcheme una cosa –le dije– eso es hasta por ahí no más. Si nosotros mezclamos el
humor con el ingenio, obviamente, que hay resultados maravillosos´. Por ejemplo, el maestro Nicanor Parra me hizo reír más de una semana con un chiste que él creó y era racial (simula tomar una escopeta y apuntar en determinada dirección): ´Un negro en la nieve es un blanco perfecto´. ¡Eso es fantástico! Eso es ingenio. ¿Te das cuenta que hay una atenuación en la información? Tú te ríes, haces la relación, está el juego de palabra. Eso es lo que yo he querido hacer. Pero hay otras personas que también agreden. Y ese es el problema. Hay que tener la justa medida”.

 

¿Reírse nos hace bien para estar sanos?

“Sí, sin lugar a dudas. Incluso, tengo entendido que hay personas que se dedican a la risoterapia. La risa hace trabajar una cantidad importante de músculos. También hay una energía que se libera. Con el humor uno puede tener una percepción
mejor condimentada de lo que te rodea. Yo, por ejemplo, gozo viendo situaciones del diario vivir. A veces voy escuchando la radio en el auto, o solamente música, y pasa una persona que tiene algún modo de caminar o un tic o un movimiento rápido de un brazo o de una pierna, y me entretiene. Voy viendo que coincide con la parte musical en su desplazamiento. Voy observando”.

 

En 2016, fue distinguido con el Premio Nacional de Humor. ¿Qué significó para usted?

“Eso me gustó porque es un premio que otorga la Universidad Diego Portales y quien me lo entregó fue Rafael Gumucio.
También incluyo este tema en el libro, porque ha sido parte importante de lo que me ha pasado. Para mí, este reconocimiento
es gratificante porque habla de un cambio en las casas de estudio. Era increíble que, en las universidades, que son los centros que albergan el conocimiento que tiene el hombre sobre el universo, nada dijeran ni enseñaran acerca del humor, siendo los únicos seres  vivos del planeta que poseemos ese gran  regalo divino. Somos los únicos que podemos reír y hacer reír. Y, así todo, no estaba dentro de los planes de ninguna universidad. Ese fue el gran cambio”.

 

De todos sus personajes, ¿cuáles son los más queridos para usted?

“Cada uno de mis personajes fue de la mano conmigo en la edad que yo estaba viviendo. En una época fui el ´Lolo palanca´, pero yo no me quedé pegado en el personaje. Ese fue el gran aporte que yo hice al humor hispanoparlante. Fui el primer humorista de habla hispana que habló de la generación de los teen-agers, de los adolescentes, y expliqué cómo hablábamos y toda la gestualidad que era distinta. Y eso les interesó a las universidades, especialmente a la Universidad Católica, que
me llamó para preguntarme por qué los jóvenes hablaban de esa forma y por qué se producía toda esta manera tan divertida de comunicación. Indiscutiblemente que el ´Lolo palanca´ estaba a décadas de distancia del ´Cuesco Cabrera´, que aparece cuando ya soy un treintón añejo, casi al borde de los 40, y que daba cuenta de los ejecutivos que trabajaban con platas de terceros y hablaban de millones que no eran de ellos. Pero eran parte de un sistema que se estaba gestando. Y muchos
fueron presionados por algunas de esas empresas para que buscaran las mil y unas del doctor Merengue. ¿Cuáles son los resquicios legales para poder ganar más dinero? Hoy, la cosa es distinta. Los poderosos –algunos, no todos– se atacan entre ellos. Y hay otros que atacan a todo tipo de seres vivientes. Parece que no son los ecologistas”.

 

Cuéntenos de su experiencia en la película “Condorito”, estrenada en 2017 y donde hizo las voces de doña
Tremebunda y Cuasimodo.

“Fue bueno, porque yo tuve la suerte de haber trabajado con Pepo. En esa época, yo era quien llevaba algunos chistes que escuchaba a la revista Condorito; algunos los aceptaban, otros, no. El andar viajando y el haberme transformado en un personaje nómade me ayudó porque, cuando tú viajas a las puntas de Chile, al extremo sur y al extremo norte, te comunicas con otras culturas, como peruanos y bolivianos. En general, los visitadores médicos eran también grandes acarreadores de
buenos chistes de la época, porque ellos viajaban permanentemente. Hoy, no. Todo se puede encontrar a través de los teléfonos celulares. Hoy tenemos esta inteligencia colectiva donde millones de personas están pensando lo mismo y hacen un meme, hasta que uno sale genial. Ahora todo se dice en pocas palabras. Pero ahí está el grave error, porque la calidad de vida del ser humano depende directamente de la calidad de sus conversaciones. No es lo mismo agarrar una de estas cuestiones (toma un teléfono celular): ´Ándate a la cresta. Terminamos´, porque a los cinco minutos te pueden decir: ´No, si era una broma´. Porque no expresa nada. Solo hay una información. Distinto es si (actúa la frase): ´Escúchame bien. Esta
cuestión se terminó, ¿me entiendes?´ Ya no puedo decir: ´No, si te estaba bromeando´. Ya no es lo mismo. Estoy amplificando mi sentir. Pero ese es el trabajo que realizo: reparar en todas estas cosas que se están viviendo. Y a lo mejor exagero un poquito para que haya conciencia; caricaturizo un poco la cosa, pero entrego la información desde el humor. Por lo tanto, la persona se ríe y, además, se informa de lo que estoy contando”.

 

Usted es un amante y coleccionista de las Harley Davidson. ¿Por qué les puso nombre de personajes de la TV a varias de ellas?

“Te explico. Cuando las motos estaban expuestas en el teatro Circus OK, 45 en total, eran todas de distintas marcas y modelos. La gente con la cual yo trabajaba era de teatro, artistas. ¿¡Qué iban a saber ellos de motos, si no era su oficio!? Para mí, en cambio, fueron muy importantes desde mi niñez. Cuando yo las veía me volvía loco. Era como ver un platillo volador. Después que pude trabajar, empecé a buscar motocicletas antiguas. De repente, algunos me llamaban: ´Oye, tengo una moto de tal año´. Iba. Y así me fui metiendo por esos caminos y empecé a reconstruir algunas. Pero, volviendo a la gente con que trabajaba, me era mucho más fácil decirles: ´Oye, por favor, tráeme a la ´Gladys Marín´. Y quiero que también venga la ´Pamela Díaz´, porque las vamos a poner aquí, arriba del escenario´. Inmediatamente las reconocían. Pero si yo les hubiera dicho: ´¿Por qué no me traes, por favor, la Springer softail 1.340?´ No habrían entendido. En cambio, las asociaciones
funcionan bien. Una de esas motos se llamaba la ´Chechi Bolocco´, porque es la reina de las motos, está hecha a mano y tiene una linda cola. A la ´Gladys Marín´ le puse así porque era vieja, roja y metía ruido. A la que le puse ´Fernanda Hansen´ fue porque los tubos de escape se le pusieron con asbesto, mostrando de algún modo el brazo vendado de la periodista luego
de la caída. Y, además, porque es de color azul, igual que sus ojos. Había una que se llamaba la ´Argandoña´, porque hay varios que se han sacado la cresta arriba de ella. Otra es la ´Pamela Díaz´, que estuvo en el Festival del año 2010, porque es negra, fiera y rica. Mi primera moto me la regaló Yamaha, cuando yo hice el ´Lolo palanca´. Está también en el museo de Carlos Cardoen, igual que muchas otras que fueron mías, como la Motochi, la primera moto que se fabricó en Chile. Yo tuve una que modifiqué y gocé por un buen tiempo. Hoy tengo una Fat Boy Screaming Eagle, que es una moto hecha a pedido. Y se llama la ´Gordis´, porque el nombre real en español es ´Niño Gordo´. Pero, como para nosotros es ´la´ motocicleta, una
palabra femenina, yo le puse así, cariñosamente”.

 

¿Cómo se mantiene activo y saludable?

“Me embalsamé para no envejecer; me cabreé, me llené bien de algodón y listo. No. Simplemente, trato de cuidarme y de tener conciencia de que, en la edad que estoy, hay ciertas cosas que ya no puedo hacer. Lo mismo con las tentaciones,
porque he llegado a la etapa en que sí puedo resistirlas”.

 

¿Apuesta por una vida más sana?

“Todos los remedios son sacados de los productos naturales –la mayoría, al menos– y nos sirven para mejorar la salud.
Pero la salud tiene que ser cuidada. Tengo problemas como tiene todo el mundo, pero me gusta promover un espacio grato. Para eso necesito tener mis horas no declaradas para juntarme con otros seres vivos que me entregan energía; por ejemplo, un árbol. Podemos, también, tener acercamientos con animales. Yo siempre fui perruno. Y me gusta darle importancia a mi ser, escuchar mi cuerpo. Respiro. Recuerdo cosas bonitas que viví. Entonces, me traen nuevamente parte de esa felicidad, que es una felicidad reactiva, puesto que uno lo relaciona con personas. Si tú le preguntas a cualquier persona: ´¿Eres feliz?´ Todos van a decir que sí, porque relacionan la felicidad con las personas. Y todos estamos relacionados con personas, familias. Pero, ¿uno puede ser feliz permanentemente? Yo creo que sí, en la medida que uno sea capaz de escuchar su cuerpo y pueda sentir, en un momento de felicidad aunque sea reactivo, cómo el pecho se expande, lo mismo que cuando estás guitarreando en la playa con algunos amigos. Cuando sientas ese minuto de expansión, deja un espacio para la gratitud. Se han olvidado de ella. Aquí no se agradece nada, algo pasa”.

 

A su juicio, ¿por qué los chilenos somos tan estresados?

“Porque se ha perdido el concepto familiar. La familia era importantísima. En este libro yo hablo de eso. Tuve la suerte de tener padres que eran profesores. Mis viejos eran capaces de detenerse ante la belleza de un colibrí, integrarse a la sociedad campesina e intercambiar el saber por un huevo azul o un pescado de plata chilote. Un trueque espiritual. Hoy, nadie te enseña nada, porque nos han llevado a eso. La economía de libre mercado, en los países en que está regulada, ha  funcionado bien. Pero si tú dejas las puertas abiertas, sucede lo contrario; sobre todo en el chileno, que le gusta siempre la ley del atajo. Quiere ir por el camino más corto, porque quiere rápido la cosa. ¿Cuál es el error? Que no conoce el camino real. No se da los tiempos para madurar. Por lo tanto, siempre tiene que hacer tres o cuatro veces más que cualquier otro trabajador del mundo. Yo trabajo alegremente, porque a mí me gusta hacer lo que hago. Y mi satisfacción no solamente está dada por la plata que voy a ganar. En este brazo dice ´Hoy´, porque yo privilegio el día a día. No estoy preocupado de qué es lo que voy a hacer mañana ni pasado. No me interesa. Y disfruto ese momento. Y después me toca subirme a un escenario
y lo hago completamente entregado a ese oficio que es mi vicio”.

 

¿En qué está hoy?

“Estamos terminando este libro. Estamos, también, con una obra que ha tenido bastante éxito, Viejos de Mierda, con
Jaime Vadell y Tomás Vidiella. Yo diría que hemos marcado un resultado que no creo se haya logrado en 40 años, por
lo menos de lo que yo tengo recuerdo. Terminamos en Santiago el domingo 28 de enero con 166 mil entradas vendidas.
Eso es bastante. Partimos con esa obra hacia el norte y hacia el sur, presentándonos en distintos lugares como el teatro
de Frutillar, que es una maravilla. Por eso creo que, entre lo que quedó de enero y abril, llegamos tranquilamente a 30 mil
o 40 mil personas más”.

Entrevista publicada originalmente en abril del 2018, Edición 167 de El Guardián de la Salud.

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