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A los 40 años, cualquiera podría afirmar que este exitoso comunicador social se encuentra en el mejor momento de su carrera. Motivos hay de sobra: lidera los ratings de sintonía con su programa “Lugares que hablan”, de Canal 13, señal de televisión con la que tiene contrato hasta el 2020; el libro que publicó con el mismo título, en diciembre del año pasado –y cuyo segundo tomo anuncia para octubre–, estuvo en el tope de los rankings por varias semanas, totalizando más de 40 mil unidades vendidas; es rostro de comerciales de reconocidas marcas nacionales; y, próximamente, debutará en las redes sociales con una aplicación sobre viajes. Pero el también ganador del Copihue de Oro 2017 en las categorías “Mejor programa estelar” y “Personaje revelación” –quien, en abril de ese mismo año, se impuso como “Rey Guachaca”– cree que aún está lejos de ese momento, pese a encontrarse pleno laboral, emocional y físicamente.

Por Antonio Muñoz, Periodista PUC

 

Uno de tus rasgos característicos es la risa. ¿Siempre fuiste así?

“Es que yo soy bueno para reírme de chico. Si tú vas a una reunión familiar, mi papá, mi hermana y mi hermano se ríen igual que yo. Todos somos de risa fuerte. Y no solo de risa fuerte; todo es fuerte. Cuando hay que llorar, lloramos. Mi mamá una vez me dijo: ‘Francisco, el dolor se lleva por dentro. Uno tiene que saber controlarse’. Y cuando murió mi abuelo, yo era grito, llanto, me tiré arriba del cajón, hice todas esas cosas que mi mamá dice que no hay que hacer. Soy escandaloso, porque para mí así es la vida. ¿Para qué te vas a guardar las cosas, para qué te vas a reprimir? Las emociones, sean positivas o Negativas, las vivo con intensidad”.

 

¿Te parece que reprimirse es perjudicial para la salud?

“Creo que uno no tiene que disfrazar las emociones, porque la gente que lo hace tiene problemas. Cuando hay que llorar, uno tiene que llorar. Cuando hay que expresar dolor, uno lo tiene que expresar. Porque, de verdad, cuando tú  te vas guardando las emociones, te vas creando enfermedades, te van saliendo tumores, te van pasando cosas. Uno tiene que encontrar la manera de botar. Hoy, yo sufro de un trastorno del sueño que no he podido mejorar. Y todo esto es producto de los viajes, del estrés, de la cantidad de trabajo. Tengo que filmar un martes, no hay fines de semana, hay que darle tiempo a la familia, hay que darle tiempo a todo. Entonces, de pronto mi vida es un poco caótica. Pero no me gustaría no tener una vida caótica. Me
siento cómodo. Pero he encontrado en el ejercicio un refugio”.

 

Ante tantas responsabilidades, ¿cómo logras mantenerte bien?

“Conocí a la doctora Yaisy Picrin –ella es médico cirujano, cubana y hace muchos años llegó a Chile– por la famosa medicina
ortomolecular, en la que básicamente te inyecta a la vena una cantidad de vitaminas, porque lo que hace es aplicar un suero quelante que saca los metales pesados de tu organismo, te va limpiando. ¿Por qué? Porque uno envejece cuando las células envejecen. Eso te hace estar más cansado. Me hago este tratamiento una vez al año, cuando me siento estresado. Son 10 pinchazos por tratamiento. Pero como Yaisy ya es amiga, converso con ella y le digo: ‘Yaisy, me siento mal por esto’. Pum. 50 milígramos de vitamina C a la vena, que van directo al órgano que necesita ser reparado. Sientes un calor en el cuerpo  impresionante. Muy diferente a cuando tú disuelves la vitamina C en agua destilada. Me gusta atenderme con ella porque siempre trae técnicas, siempre está estudiando. De hecho, publicó el libro El Método Picrin. Comer bien para vivir mejor (2014)”.

 

¿Te viste obligado a cambiar de hábitos a causa de este tratamiento?

“Más que obligado, y como me gusta la buena mesa, he tenido que ir cambiando de a poco mis hábitos alimentarios. Hoy,
si la gente me ve un poco más flaco, es porque efectivamente cambié algunos productos en mi refrigerador. Tomo muchas
cosas, como los superalimentos. Me encanta leer sobre ese tipo de cosas, el poder de la vitamina C, de la cúrcuma, sus propiedades. Y empecé a meterme en ese rollo. Y, mientras hacía el programa, veía por ejemplo que la cocina mapuche
era muy saludable. De pronto, todo iba teniendo su aporte: los piñones, el fruto sagrado, por la cantidad de proteínas que tenía”.

 

¿Eres de cultura de gimnasio?

“Yo estaba erróneamente en un gimnasio para hacer ejercicio. Pero a mí no me gusta el ejercicio del hedonismo por el
hedonismo. Primero, voy a confesar que fui un niño flojo, ñoño, de pie plano, guailón, que no le gustaba hacer nada
más que comer y ver televisión. Bien sedentario. Entonces, obvio que fui obeso. Y tuve que ir cambiando, primero por mí mismo, porque también tuve varios dolores que tienen que ver con golpes a la autoestima en la época del colegio.
Pero también en la universidad, porque uno empieza a entrar en una época en que quieres pololear, te empieza a llamar la
atención alguien y te empiezas a poner un poco más pretencioso. Cuando estuve haciendo farándula en la televisión, fui
mucho más crítico conmigo. Me veía en cámara y no me gustaba cómo me veía. Pero ahí era desmedido, porque la vanidad está en su extremo. Estaba en televisión, y veía a todos mis compañeros con que el bótox, que el tratamiento para adelgazar, que esto o aquello. Puras tonteras. Me sentía ridículo. Entré en ese círculo vanidoso en que entra toda la gente que está en la televisión. Pero me empezó a molestar mucho una cosa de los gimnasios, que es esto de que uno no puede ir como quiera, porque están todos en lo hedonista, mirándose al espejo, para ver quién tiene el músculo más grande. Buscaba y no me gustaba, porque sentía que iba puro a perder mi tiempo. Me decía: ‘A estos gimnasios de cadena viene todo el mundo a sacarse fotos, a sacarse selfies, a mirarse en el espejo’. Me sentía como un guataca tirado en el suelo. Duré apenas 2 meses
en un gimnasio tradicional. Pero me sanó empezar a hacer Lugares que hablan, porque me acepté, me quise, me dio lo
mismo sacarme la camisa y tener un rollo más o un rollo menos. Me importó  un pepino. Empecé a querer cambiar físicamente no por ser el más musculosoni por ser el mino más rico. No. Fue porque de verdad quería estar sano, quería tener una capacidad cardiovascular que me permitiera llegar a la cima de unamontaña, que me permitiera caminar y no cansarme, subir una escalera y no cansarme; en definitiva, por salud. Y empecé a darme cuenta de que tenía que comer menos carne y comer menos de esto y aquello. Y empecé a leer”.

 

Entonces, ¿tu programa marcó un cambio en tu estilo de vida?

“Sí. Al principio, por el cariño de la gente, yo tenía que tomar 3 veces desayuno. Entonces, en los primeros capítulos, yo
estaba así de inflado, gordo. Ahora es un cafecito y, con suerte, media sopaipilla”.

 

¿Qué alimentos erradicaste?

“Saqué la mantequilla, frituras, sal, azúcar, bebidas, alcohol”.

 

¿Cuáles incorporaste?

“Es que cambié. En mi refrigerador hay jamón de pavo, frutas, huevos. En la mañana, al desayuno, tomo un batido gigante de frutas donde echo cúrcuma, acai, distintos superalimentos. A eso agrego una paila con 6 huevos revueltos, o en aceite de coco, o sin aceite, con unas gotas de agua. Ya no frío los alimentos, me acostumbré a no hacerlo. Me cargan las frituras. No como pescado frito. No como papas fritas. Y así me fui dando cuenta de que era impresionante cómo iba cambiando el organismo, cómo ibas adelgazando sin tener que hacer esas dietas macabras en que te tienes que comer 2 apios y media lechuga. Entonces, cuando cambias el hábito alimentario, te das cuenta de que tu organismo va a cambiar. Ah, también saqué el pollo. Fui sacando sobre todo las carnes rojas. Pero no me privo, porque como carnes rojas una vez a la semana, ‘el asaíto’, jajaja. Me encantan los asados. Pero como la carne sin grasa. Y no tengo para qué acompañarla con papas. Puede
ser con apio, con palta, con lechuga, con verduras. Ahí está el gran secreto. Creo que es lo que dicen los abuelitos: No combinar. Pura proteína. Saca las masas y tu vida va a cambiar. No a las bebidas con gas y tu vida va a cambiar”.

 

¿Qué líquidos tomas para acompañar tus comidas?

“Agua. De repente, me tomo una copa de vino tinto, pero muy poco, solo por el tema de los antioxidantes. Pero en la semana, nada. De repente, el día sábado, me gusta tomarme una piscola con un picoteo acompañado con algunos amigos, viendo el programa. Se rompe la regla una vez a la semana, que también lo recomiendan los doctores, el día de la “chanchería”, como diría el método Grez. Antes, iba al Pronto que está debajo de mi casa y era capaz de zamparme dos completos por noche.
Creo que hace más de un año que no como hot dogs. Las hamburguesas dejé de comerlas para siempre. Por ejemplo,
cuando voy a alguna parte, en los hoteles, residenciales, hostales o donde me toque estar, veo que mis compañeros piden hamburguesas y yo me hago una ensalada saludable, con semillas de zapallo, con pasas, con de todo. Y me llevo mis tupperwares. En casos extremos, cuando debemos subir una montaña, ando con un paquete gigante de maní sin sal, que es calórico, pero que para soportar el frío es lo que se necesita; si no, te vas a andar desmayando. Ando con mucho café, eso sí, tomo harto café. También tomo té verde. Antes, tomaba veinte latas de bebida gaseosa light al día. Hoy, tomo una con suerte. Tomo mucha agua con clorofila. Se agrega un chorro de clorofila líquida en el agua ypum. Es súper depurativo»

 

¿Te costó adaptarte al cambio?

“Fue un período, porque la ansiedad era una de las cosas que me caracterizaba. No fumo, no tomo, no me drogo. Tomo
muy poco, socialmente. Y con respecto a las drogas, no voy a hablar de la marihuana, porque para mí, la marihuana no cae dentro del saco de las drogas duras. Si alguien, alguna vez, saca un pitito social como para compartir, podría aceptarlo. Pero no me gusta, porque me provoca hambre. Cuando me he fumado una pitiá, me muero de hambre. Además, quedo con la boca abierta y con sueño. Entonces, no me gusta, no me inspira. Hay gente que fuma marihuana y se pone creativa. A mí no me pasa nada. Si hoy me sacaran un pelo para hacerme un examen de drogas, no verían ninguna en mí”.

 

¿Retomaste los gimnasios?

“Entreno en un gimnasio acá cerca. Cuando puedo, 3 o 4 veces a la semana. Hago crossfit, TRX, todas esas cosas que ojalá
no tengan mucha pesa. Soy constante cuando puedo, porque a veces pasa que me voy a grabar 5 días y el fin de semana
filmo. Pero, ¿qué hago? Ando con unTRX para arriba y para abajo metido en mi maleta, o con una cuerda. Entonces, cuando llego a Chiloé, y está lloviendo, hago dentro de mi pieza una rutina que me enseñaron unos profesores: 300 abdominales, 100 flexiones de brazo, planchas. Y me ha funcionado mucho. Puedo llegar muy cansado, puedo estar raja, pero digo: ‘Si subí un cerro, ya hice la cuota de ejercicio de un día, para qué voy a hacer más’. Lo otro ya es matarme”.

 

¿Y cómo te sientes ahora?

“Siento que me falta un poquitito, pero me siento bien. Mido 1,89 y peso 91 kilos. De hecho, la doctora Yaisy, que es la que siempre me ve, me dijo hace poco: ‘Tienes muy poco porcentaje de grasa en tu cuerpo. Lo único que tienes que hacer es tonificarte un poco más’. Es verdad: tonificarme un poco más. Pero cuando uno ya tiene 40 años, la cosa se va poniendo un poquito más difícil en cuanto a lograr musculatura y el resto. Pero, como estos últimos tiempos han sido de estar trabajando constantemente en eso, no me ha costado tanto. Y me cuido. Soy de los que hacen televisión sin maquillaje. En el set no lo uso. Y los maquilladores me dicen: ‘Oh, tu piel es increíble’. Incluso las de Unimarc me lo dicen. Puedo amanecer con así una
bolsa, con así unas ojeras y así tengo que hacer la televisión. No me veo en el campo con una señora que está matando un cordero y yo maquillado. Sería una ridiculez, una estupidez del porte de un buque. Además, no me gusta maquillarme, porque siento que se encochina la piel. Con mi cremita estoy bien, suficiente. Con suerte, que me echen un polvo para que no brille
en cámaras. Pero es lo único. A mí no me metas ni tierra de color ni nada de nada. Me ofrecieron ser embajador de marcas superimportantes, y no acepté. Pero lo que sí hago es, sagradamente, visitar al doctor Pablo Serrano, quien es cirujano plástico, y me hace un tratamiento de láser en la cara, muy bueno, que te estimula la piel y te va sacando todas las impurezas, todas las manchas. Como yo me expongo mucho a climas tan distintos, al frío extremo, al calor extremo, me voy insolando y por eso siempre ando con un buen bloqueador”.

 

¿Y para la afeitada?

“Más que un aftershave común y corriente, trato de usar buenos productos, algunos de la línea orgánica, algunos no, pero todos son productos caros. Ahí me gasto la plata. Ese es un gustito que me doy. Por ejemplo, me echo una fase 0 que te queda rica la piel”.

 

¿Qué proyectos tienes en el corto plazo?

“Aparte de los comerciales, estoy escribiendo el volumen 2 de Lugares que hablan. Diario de viajes de Pancho Saavedra, que debería aparecer en octubre. Y estoy trabajando en una aplicación, de la que no puedo entregar más detalles por ahora, lamentablemente, que es como mi versión de una Turistel, con todos mis datos, para que la gente descargue una especie de guía y diga: ‘Quiero ir a esta comunidad mapuche, la misma donde fue el Pancho Saavedra’. Y ya, contáctese con tal persona. Es como Perico trepa por Chile, jajaja”.

 

Francisco Javier Saavedra Guerra nació en Curicó, el 25 de noviembre de 1977. Es el mayor de 3 hermanos. Estudió Comunicación Audiovisual en Santiago. Antes de comenzar a trabajar, se fue con un amigo a recorrer Europa por 4 meses. Su primera aparición en televisión fue en el programa “Una vez más”, que conducía Raúl Matas, en 1993, donde fue hipnotizado” por Tony Kamo. Así lo recuerda: “Es una experiencia bien vergonzosa, porque fui el primer tipo que él hipnotizó en Chile. Y que, aprovecho de confesar, era una farsa. Tuve que haber estado medio atontado, porque, la verdad, es que nos hicieron a todos entrar en una pieza, donde nos practicaron técnicas de relajación. Éramos muchas personas y perdí un poco la vergüenza y el pudor”. Profesionalmente, debutó en “El futuro de Chile” (1999) –donde, nos cuenta, “aprendí a hacer de todo: entrevistar, editar, post producir”–, a los que siguieron los programas “Extra Jóvenes” (2001), “Juntos, el show de la mañana” (2008), “Viva la mañana” (2009-2010), “Alfombra roja” (2011- 2013), “Bienvenidos” (2011-presente), “Lugares que hablan” (2014-presente)  y “Contra viento y marea” (2017-presente). En sus inicios, también incursionó con una productora de medios. En enero de este año, animó el Festival de Dichato. Quizás, por eso se creyó que animaría el Festival Internacional
de la Canción de Viña del Mar, pero sus prioridades son otras: “Hay gente que cree que Viña es la cumbre de la carrera de alguien. Y eso no es así. Hay mil festivales igual de importantes. Ahora, no es lo que me quita el sueño. Me quita el sueño, por ejemplo, el proyecto de la Ley Celino (por Celino Villanueva, considerado el hombre más longevo del mundo y que falleció en abril de este año), en el que estoy trabajando con unas personas del gobierno del Presidente Sebastián Piñera”.

Entrevista publicada originalmente en la Edición 171 de El Guardián de la Salud en Agosto del 2018.

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