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Desde mediados de abril, y luego de ser rostro emblemático del matinal de Mega por 5 años, la conductora dos veces galardonada con el premio “Copihue de Oro” en la misma categoría –Mejor Animadora de Televisión– se luce en el nuevo programa nocturno de conversación en TVN que ha cosechado buenas cifras de audiencia. A sus 54 años –y avalada por una prolífica carrera en pantalla chica, donde también ha incursionado como actriz en una decena de producciones–, luce vital y encantada con la vida. Razones hay de sobra. Pronto, y junto con dos socios, inaugurará un restorán en Tunquén, y para el próximo año, anuncia su debut en el teatro.

 

Por Antonio Muñoz, Periodista PUC

 

Llevas 35 años de carrera televisiva. ¿Cómo haces para mantenerte en forma?

“Deporte. Toda la vida. El deporte para mí es una forma de vida. Desde chiquitita fui seleccionada para todos los deportes de
alto impacto: hockey en césped, natación –que es mi deporte base–, atletismo. He hecho de todo”.

 

¿Por qué te gusta la natación?

“Cuando chica me crie muchos años en Argentina y allá, donde el deporte es superprotagónico, descubrieron en mí que tenía talento para la natación. Combinaba los estudios con este deporte, y ya era proyecto olímpico. Me estaban entrenando para eso. Pero, por razones familiares, tuvimos que volver a Chile y quedó trunco ese tema. En esa época yo tenía entre 15 y 16 años. Fue superfrustrante porque acá, en los años 70, ni una posibilidad para el deporte. Por más que buscamos, no fue posible. Después, cuando grande, volví a retomar la natación de una forma más sistemática y la practico hasta hoy. Me hago 2 lucas 3 veces a la semana, en forma regular”.

 

¿Qué te deja la práctica de este deporte?

“Me aporta mucha energía. Es un deporte solitario; por lo tanto, es muy meditativo. El nado siempre se puede perfeccionar,
entonces, siempre hay desafíos. Y, sobre todo, me ayuda con el estado de ánimo. Además, el cuerpo no sufre porque no es un deporte agresivo. Tengo muchas lesiones porque hice deportes de alto impacto. Tengo operaciones a la rodilla por los meniscos, me fracturé una muñeca, ese tipo de cosas. Lo otro que hago, también, y por varios años, es el yoga. Complemento la natación con el yoga, y mi bicicleta, que es la misma que tengo hace 25 años”.

 

Entre 2013 y 2018 fuiste  rostro del matinal de Mega. ¿Cómo te preparabas para estar siempre radiante y fresca en cámara, desde tan temprano en la mañana?

“¡Perdí la vida nocturna! Porque, para estar bien, necesito dormir mínimo 7, 8 o 9 horas. Tener un buen dormir es fundamental. Pero no siempre estás con ganas de quedarte dormida a las 9:30 o 10 de la noche, porque me levantaba a las
5:15 de la mañana. O te quedas pegada con una película, o estás un poco más estresada. Cuesta, entonces, conciliar el
sueño. Pero, a veces me ayudaba con mis hierbas de melisa. También es muy agotador hacer 5 horas de programa, siempre
arriba de la pelota. Pero, cuando lo pasas bien en la pega, la verdad es que también te reenergizas. Y, claro, lo pasé increíble
durante los primeros años”.

 

Hoy, en cambio, estás en un programa nocturno, “No culpes a la noche”, en TVN. ¿Cómo fue este proceso de adaptación horaria?

“Igual pasaron algunos meses, donde fue como “Living la vida loca”, porque empecé a encontrarme con mis amigos de
nuevo, a salir en la noche, a ir al teatro. Ya no había problema. Me costó volver a ese hábito, pero era necesario comenzar
a hacer la transición; comer más tarde, tomarte tu vinito. Y, claro, el primer tiempo hicimos el programa en vivo todos los días. Llegaba a mi casa como a la 1 y media de la mañana y, entre sacarte el maquillaje y todo, terminaba acostándome a las 2 y media de la mañana. ¡Y ya no estoy en edad! Ya no me gusta acostarme tarde, pero también era complicado el tema de conseguir invitados para las 11 y media o 12 de la noche. Entonces, empezamos a grabar el programa y, de repente, lo hicimos en vivo. A mí me encanta el ‘en vivo’, pero también era heavy ese cuento”.

 

¿Y cómo te las arreglas con el deporte?

“Lo que pasa es que yo no transo el deporte, porque es parte de mi forma de vida y me hace bien. Eso que la gente dice: ´No
tengo tiempo para hacerlo´, no me cabe en la cabeza. Porque, en mi caso, me deprimo, dejaría de ser la Kathy. Y lo pongo
como condición en mis pegas. ´No, en este horario no puedo, porque estoy en yoga´. Entonces, ahora hago natación a las 8 y
media de la mañana, que es exquisito. Lo mejor es hacer deporte en ayuno, porque estás con una energía distinta. Si tú te
alimentas antes, el alimento te come la energía de tu cuerpo y es más cansador hacer deporte. Entonces, en la mañana me tomo mis dos vasos de agua y nado con mucha energía y, después, me voy a tomar desayuno. Y ahí parte mi día”.

 

Con este nuevo horario, ¿se vio afectada tu alimentación?

“Ahora no tengo almuerzo, porque tengo que estar a las 12 a más tardar en el canal. Primero, pauta, y después maquillaje
y peinado porque hay que hacerse entera. En el estudio a las 14:15; 14:30 grabando. Y terminamos como a las 4. Entonces, me salto el almuerzo. Por eso, es superimportante el desayuno. Y, después, viene la cena. Hoy, dejo de comer entre 7 y 8 de la tarde, porque si lo hago más tarde me cuesta dormir. Yo no soy de comer 5 veces al día, aunque dicen que es saludable hacerlo. Tomo mucha agua, eso sí, litros de agua. Té, litros de té, y té negro, de hoja, no en bolsita. Vino también, aunque espumante más que nada. Nada de tragos elaborados. Soy gozadora del vino. El sauvignon blanc y los ensamblajes me encantan”.

 

¿Tienes alimentos prohibidos?

“No tengo alimentos tabúes. De repente, mi nana me hace un lomo saltado y le lleva la papa frita. ¡Puchas que son ricas las papas fritas! Pero no consumo nada de azúcar, bebidas o todo ese tipo de cosas dietéticas. Y, de comida, cada vez me estoy alejando más de la carne. He sido supercarnívora, porque la carne tiene mucha proteína para recuperarte por los deportes. Pero tengo un tema animalista, también. Ahora he visto algunos documentales y he empezado a tomar conciencia de cómo sufren esos animales cuando los faenan para que nos alimentemos. Eso me choca un poco y me parece que es un contrasentido”.

 

¿Cómo suplementas las proteínas?

“Del huevo. Me fascinan mis huevos. Todos los días consumo y de campo, porque al ser de gallinas libres no tienen ese olor a pescado que tienen los de las gallinas de criadero, que se alimentan con mucha harina de pescado. Las gallinitas, cuando comen lombrices o maíz, que es lo natural, y están en la tierra y no estresadas, –como esas pobres gallinas ponedoras de huevos en los criaderos, que es espantoso–, ponen huevos fantásticos. Tampoco consumo lácteos. Sí me gusta la leche de coco, el agua de coco y el aceite de coco. Me encanta el pescado y me fascinan las pastas. Como muchas ensaladas, pero en el invierno me cuesta más por el frío. Soy medio floja para las frutas, que hay que lavarlas y picarlas, pero son necesarias”.

 

¿Qué opinas de las personas que se esclavizan a una dieta?

“Ay, me carga. Ahí me pongo pesada. Siempre les digo: ‘Hay que hacer deporte, hay que caminar. Deja el auto’. El sedentarismo es lo peor para el ser humano, aunque cada cual es dueño de hacer lo que quiera. Por ejemplo, es muy
gracioso lo que pasa con los chicos que me maquillan y me peinan. Tanto les hablo del tema, que ahora están todos en el gimnasio del canal, que es muy barato y muy bueno. Y me encanta, porque se están sintiendo bien, se han ido contagiando. La Javi, que es quien me maquilla, me dice: ‘Kathy, me porté mal y te vi todo el rato’, porque ve mi cara como un sello negro en todas las leseras que empieza a comer. Le dije: ‘No hay que ser tan estricto ni tan represivo con uno. Estas cosas son de a poco, hay que ir adquiriendo el hábito y, de repente, desordenarse también está bien. Obvio, ¡yo también lo hago!’ Pero eso
de las dietas, mmm, no sé. Hay algunas personas para las cuales es necesario por temas de obesidad, porque tenemos una altísima tasa de obesidad en Chile, pero, curiosamente, tiene que ver con la altísima tasa de depresión que hoy tenemos, sobre todo en los niños”.

 

¿Te preparas para el verano?

“Estoy permanentemente preparada, jajaja. No, no hago nada especial”.

 

¿Qué significa para ti vivir junto al mar?

“Esa es la vida que yo quiero. Quiero terminar en la playa, al lado del mar, al igual como hizo mi mamá hace dos años, cuando tenía 78 y se fue a vivir a Algarrobo. Vi en ella un cambio demasiado concreto y real. Y en mi hermana también, que vive con ella. Algarrobo tiene una riqueza que hay que saber encontrar, lo mismo que en las regiones. Y he encontrado eso, gracias a este cambio en mi mamá. También tengo a mis amigos allá, que se han puesto con sus mini PYMES, como Gonzalo
Donoso, que es el dueño del Macerado, que lo puso ahora en Algarrobo, porque primero lo tenía en Casablanca. Él vive en Algarrobo, donde sus niñitas andan a pata pelá y van solitas al mar a tirarse al agua; o sea, una vida superdistinta. Entonces, uno se empieza a contagiar con eso. Y la historia del restorán es larga de contar, pero es mágica y muy romántica”.

 

Cuéntanos esa historia.

“Voy a hacer una síntesis, porque tengo que hacer el homenaje. Tunquén es mi refugio, ahí tengo mi casa. Me encanta. Es un lugar de silencio. No tengo televisión, no tengo nada, solo mi casa, la vista y el aire. Hace un tiempo, fui pareja de Patricio Errázuriz. Era de mi colegio, pero nos volvimos a encontrar en Tunquén. No duró mucho la relación, pero nos queríamos mucho. Nos separamos y pasó el tiempo. El Pato era dueño de un restorán muy exitoso en Algarrobo Norte y me enteré de que estaba poniendo otro en Reñaca. De pronto, se muere el año pasado. Fue fulminante, muy doloroso. Una persona capísima, lindo en todo sentido, un tipo que se fue a vivir un año con los pescadores de Caldera para estudiar los peces de roca a Caldera, porque esa era su especialidad. Volado, loquísimo. Me emociona acordarme. Por esa época, pasó que justo me accidenté en Tunquén, porque me botó mi perra. Me fracturé la mandíbula y el pie, y estuve dos meses fuera. En ese intertanto murió el Pato. Y, dos semanas después de la misa, recibo un whatsapp de la hermana mayor, Carmen Errázuriz, que no conocía personalmente, pero sabía quién era. Me dijo: ‘Tengo que contarte esto: el Pato se quería ir a Tunquén, porque estaba armando un proyecto gastronómico allá. Te voy a dar el teléfono de Gonzalo Álvarez, que era su socio, para
ver si puedes continuar con esta obra’. ¡No lo podía creer! Entonces, llamo a Gonzalo Álvarez, que va a verme a mi  casa cuando aún estaba convaleciente, y me cuenta la historia de cómo llegó el Pato. Se demoró ocho años en tomar la decisión. Gonzalo, que quedó en estado de shock porque había perdido a su socio, me dice: ‘Echémosle para adelante’. Y ahí fue a conversar con Gonzalo Donoso al Macerado, para que nos asesorara. Él tiene mucha pega, le va muy bien con sus restaurantes y tiene una onda superparecida al Pato. Y me dijo: ‘Déjame ir a cachar el lugar, a ver cómo los puedo asesorar’. Y fue. Cuento corto: me dice: ‘Pero si acá está el Pato. Ya, me meto en esto’. Y ahí estamos los tres como socios. El restorán se llama Casa Tunquén-Macerado, porque tiene el respaldo del Macerado. El 70% de la pega la hace Gonzalo Donoso, porque él sabe de todo, y su cocina es espectacular. A todo esto, el restorán lo veo desde mi casa. Eso también es bien increíble y mágico. Estamos muy entusiasmados, porque inauguramos la última semana de octubre o a principios de noviembre”.

 

Volviendo a tu carrera en televisión, ¿en cuál de todos tus programas has sido más tú?

“En todos los he pasado súper bién. Recuerdo Esta es mi familia, un programa que quise mucho de este canal, donde
tengo 11 años de carrera. Fui y volví varias veces. Ahora, el programa que me sacó la identidad, digamos, para ejercer
este rol social –porque yo siempre hablo del rol social como comunicadora– fue el Extra Jóvenes. Ahí aparece mi esencia,
porque nunca pensé hacer tele. Quería estudiar teatro, cosa que hice a los 30. La televisión fue casi como un acto de
sobrevivencia. Me fui a vivir sola muy chica, tenía que juntar las lucas y empecé a hacer comerciales. Me vieron en uno
específico y me llamaron para hacer un casting y quedé. Ahí parto con el Extra Mujeres y, después, el Extra Jóvenes, que es mi nicho, mi programa, que lo  creamos con una amiga. En general, el oficio de la televisión a mí me queda bien. Y me encanta”.

 

¿Quedó un poco de lado tu carrera como actriz?

“Haciendo matinal, es complejo el tema. Hice un retiro. Pero, la extraño mucho y, probablemente, el próximo año esté en un proyecto de teatro”.

 

¿Sientes que ya llegaste al tope en la televisión?

“Lo digo siempre: la televisión es muy machista, como la sociedad misma en que vivimos. Me encanta el movimiento que hay hoy, porque las mujeres tenemos la oportunidad de revisitar nuestra historia y conectarnos con ese machismo que nos ha aplastado y nos ha reprimido bastante; y nos ha maltratado también. ¿A qué voy con esto? Que siempre tuve en mi consciente inconsciente una fecha de término, porque las mujeres no podemos envejecer en pantalla, no se nos puede caer el pelo, no nos puede salir una arruga. Y uno ha cargado con eso fuerte. Entonces, no tengo ambiciones. ‘Ah, qué bueno, una nueva oportunidad a los 30, a los 40 y, ahora, a los 50, haciendo un late. Nunca lo había hecho, sola, a los 54 años’. Entonces, es bonito eso. Pero, sí, es un medio machista. Las cosas se me han dado de manera súper oportuna y con proyectos muy estimulantes en los que me he sentido realizada. Pero esto puede acabarse mañana, y si sucede, habrá otros escenarios”.

 

Entrevista publicada Originalmente en la Edición 173 de el Guardián de la Salud. Octubre del 2018

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