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Por Gerson Österlund / Psicólogo clínico UPV

Para comenzar a adentrarnos en la idea, imagen y concepto que evoca la definición del término “biopolítica”, es indispensable hablar de la persona que le dio forma. Fue Michel Foucault, quién acertadamente identifico el cómo el desarrollo del poder político, lentamente, tomaba posesión ya no solamente de las decisiones e intelectualidad de las personas, sino que cada vez más controlaba lo que podían o no hacer con sus cuerpos, convirtiendo al ser humano en una servidumbre gubernamental, con la sola concepción de servir a esta causa. Despojando de esta manera la libertad que cada persona posee por antonomasia.

Para que la biopolítica sea posible es indispensable que los individuos sean regulados desde dentro, para ello se van generando distintas esferas institucionales que se encargan del desarrollo de cada persona, por ejemplo: la familia, la escuela, el trabajo, el servicio militar, etc., que se encargan de ir configurando el comportamiento dentro de los distintos contextos, así cada persona va aprendiendo a ser una parte activa del poder con sus acciones y restricciones transformadas en saberes públicos y privados, tanto en lo interno como en lo externo, desde el pensamiento hacia la acción, generando una mentalidad que el gobierno necesita para ejercer el poder.

Esta gubernamentalidad es implementada a través ciertas medidas estatales ligadas a la asignación de saberes establecidos, de cuya producción se encargan un conglomerado de instituciones, expertos y disciplinas que tienen como finalidad diseñar y establecer aquello a lo que designamos como normal. De esta manera, el conjunto de saberes e instituciones sociales que la promulgan tienen la misión de identificar, clasificar o tipificar grados de normalidad o anormalidad en los individuos dentro de una población con el objetivo de que si se salen de la línea de lo normal, puedan volver a normalizarlos, y así encajar en el orden social establecido por el discurso emanado del poder. Estas medidas no tienen el propósito de castigar o reprimir sino más bien de “concientizar” a los individuos acerca de lo que es considerado normal o anormal estableciendo una “conducta esperada o correcta” de lo definido como normal.

De esta forma se van implementando mecanismos y las instancias que determinan lo que es verdadero y la forma de sancionar a aquellos que rebasan los límites de lo establecido y van poco a poco configurando al individuo y su forma de comportarse. En este sentido se puede contemplar el poder sobre el cuerpo en términos conductuales, controlando medidas biológicas a través de técnicas o disciplinas que establecen lo que se debe hacer en cuanto a éste se refiere, dónde y cómo hacerlo, se puede llamar a esto “técnicas normalizadoras” ya que se encargan de concientizar a la población sobre lo que debe o no hacerse en base a lo que se determina es normal o lo debido y lo que es anormal y sus consecuencias.

Por lo tanto, se puede entender la biopolítica como una política orientada hacia la conservación y el control de la vida de los individuos de una población. Con estas técnicas de normalización, que implementan los mecanismos de control estatales, se va definiendo lo que una persona puede hacer con su cuerpo en base a ciertos estándares que clasifican comportamientos y formas de actuar en base a la salud o enfermedad, sexualidad, peligrosidad criminal, etc.

De esta forma se lleva una administración de los cuerpos de los individuos que conforman una población y se gestiona calculadamente su vida. Poco a poco el individuo pasa de tener su propio cuerpo como propiedad privada a cederle a los poderes que están sobre él las decisiones sobre éste, pasando de esta forma el cuerpo a ser propiedad común o del estado. Es una sociedad disciplinaria la que los poderes se esfuerzan en construir para sus habitantes quitándole al sujeto su individualidad y convirtiéndolo en un objeto que encaje dentro de la dinámica que se espera de él.

Se conduce paulatinamente a una devaluación de la vida, convirtiendo a cada ser humano en seres debilitados e incapaces de desarrollar su propia individualidad, personas confundidas y ansiosas de ser encasilladas dentro de los estándares o grupos para poder encajar dentro de un rebaño que les brinde la protección y seguridad que no pueden auto proporcionarse, acudiendo al estado y a factores externos en busca de ellas.

En conclusión, podemos decir que si no existe una real intencionalidad por parte de nosotros de cuestionamiento frente a los que se autodenominan ser las voces autorizadas de la sociedad, cada día más, nuestros derechos serán abolidos mediante leyes y decretos que amordazarán cada aspecto de libertad de nuestras vidas, ya sea este de índole social o íntima. También hay que añadir que nuestra principal propiedad privada es nuestro cuerpo, y que si no protegemos el derecho que tenemos sobre nuestra propiedad, poco a poco iremos perdiendo injerencia sobre nuestras vidas, quedando a la deriva de leyes arbitrarias emanadas desde un Estado corrompido por el poder, que irán en desmedro de nuestras elecciones y opiniones personales, dejando que cada vez más se nos instaure un pensamiento colectivista por sobre un pensamiento individual, ya que el ejercicio de la libertad individual es un derecho humano que debe ser defendido, y si este derecho no lo defendemos nos convertiremos en una pérfida sociedad disciplinada.

Contacto: gerson.osterlund@gmail.com

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