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Por Gerson Österlund / Psicólogo Clínico UPV

 

En la actualidad es indiscutible que se convive con la incertidumbre de no saber cuál es la mejor manera de resguardar la infancia frente a la cultura de la hipersexualización, pero esta apreciación podría sonar como un pensamiento moralista o de alguien desactualizado de los presentes cambios sociales. Sin embargo, esto está lejos de ser una simple opinión, debido a que independientemente del ambiente o la época, la complejidad de la psicología humana tiene sus propios tiempos, y asimismo cada persona. Y es debido a esta compleja problemática que cobra mayor relevancia explicar cómo una inadecuada educación sexual en la niñez forma diversos traumas asociados a complejos disociativos. Dicho en otras palabras, se forman una serie de conflictos inconscientes que interfieren en una adultez saludable, tanto a nivel sexual como psicológica.

Entender el concepto

Generalmente, cuando se habla de sexualidad inmediatamente es asociada a la genitalidad, pero esto es un error, debido a que la excitación erógena es solo una parte de ella. La sexualidad abarca pensamientos, fantasías edípicas, y a su vez la manera afectiva de vincularnos. Entonces, cuando hablemos de sexualidad no solamente debemos entenderla como el encuentro coital, sino como una compleja correlación entre lo interno y externo.

Para entender un poco más este concepto y adentrarnos en la implicancia que tiene en la psicología de un individuo a través de todo su desarrollo, debemos primero precisar que con hipersexualización nos referimos a la exaltación y sobrevaloración de los atributos sexuales por sobre otros y, en el caso de la infancia, también hacer énfasis e incentivar este tipo de conductas antes de su correspondiente etapa de desarrollo psicosexual. De esta forma podemos percibir comportamientos y formas de relacionarse similares a las de un adulto en niños que aún no tienen la conciencia de su implicancia.

A medida que un individuo va creciendo, incorpora nuevos conocimientos, experiencias, normas de comportamiento, etc., al igual que un desarrollo físico y mental, pero este desarrollo no siempre sucede a la par como se esperaría, puesto que son procesos evolutivos autónomos. Por ejemplo, un sujeto puede tener una corporalidad acorde a su edad, e interpretar la realidad como un niño o viceversa. Es por esta razón que, si durante la niñez no se forja una adecuada formación sexual, crecerá como un adulto que no pudo incorporar el área afectiva en su sexualidad.

 

Connotación confusa

En los tiempos presentes la sexualidad ha ido desarrollando una concepción mercantilizada, normalizando comportamientos que conllevan intercambios puramente físicos; en palabras comunes, la sexualidad está teniendo una connotación confusa, y es utilizada como un medio válido para adquirir estatus, aprobación personal o inserción dentro de un grupo de interés. En este sentido podríamos entender y definir el concepto de hipersexualización como la inevitable consecuencia de la internalización deficiente de la sexualidad, al convertir al propio cuerpo en un instrumento que puede ser usado para lograr suplir carencias afectivas.

Entonces la hipersexualización es la constante instrumentalización de la sexualidad, enfocada a lo fisiológico/corporal, que acaba por convertir al individuo en un producto u objeto desechable. De esta forma, se crean personas con autoestima y autoconcepto deficiente, y vemos en consecuencia adultos inseguros, dependientes, inestables y manipulables. Esto, lamentablemente, es invisibilizado al debatir el tema, negando la evidencia psicológica empírica al respecto. Por todo lo anterior, es necesario saber que, si nuestro inconsciente incorpora una incorrecta concepción de la sexualidad, terminará convenciendo al individuo que su valía personal frente al ambiente dependerá del deseo sexual que pueda o no despertar en un otro.

Para formarnos una idea aún más específica de cómo puede afectar en la psique esta noción distorsionada de lo sexual, podemos mencionar diversas sintomatologías socio/afectivas que son abordadas y tratadas en el ejercicio clínico como, por ejemplo, los trastornos alimentarios, trastornos de la personalidad, baja tolerancia a la frustración, depresión, anorexia nerviosa, parafilias, entre otras.

Al escuchar algunas de estas sintomatologías nos podrían parecer como algo bastante ajeno de nuestra realidad, pero si nos tomamos el tiempo de observar con mayor detenimiento, podríamos darnos cuenta rápidamente que ellas no están tan alejadas de lo cotidiano, puesto que, si analizamos nuestras conductas, descubriríamos que el proceso de estandarización social ejerce una influencia mucho más invasiva de lo que creemos. Es por esta razón que debemos tener en consideración que algunas de las principales vías mediante las cuales se va ejerciendo una influencia decisiva en la forma en que percibimos la sexualidad, son a través de los medios de comunicación, propaganda publicitaria o mercadeo, e inclusive la industria de la moda.

Al tomar conciencia, luego de hacer un trabajo de reflexión y análisis de nuestra propia conducta, podremos comprender la vulnerabilidad sistemática en la que se encuentran los niños frente a la hipersexualización. Este entendimiento nos deja en claro la importancia de una intervención temprana para con ellos, asimismo, nos cabe la responsabilidad de actuar como figuras de referencia que entreguen los lineamientos y valores adecuados en su desarrollo y guía.

Esta incomoda realidad no debe desalentarnos a la hora de querer proteger a los más pequeños, pues nosotros como adultos tenemos la posibilidad de detenernos a cuestionar todo este proceso de estandarización social, y asimismo gestionar los cambios positivos necesarios frente a esta colectivización sexual infantil.

Revista Soluciones Nº13 Mente y salud [ Digital PDF]

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